Un capítulo actualizado, optimizado, maximizado, un capítulo 2 totalmente original.......Amanda Ripley ataca de nuevo!!!!




Amanda. Es lo que hay.

Amanda 3, atrapada en un velo.




Dos más dos no siempre son cuatro, o cinco, o seis............

y la primavera viene ya

Pues sí, va llegando la primavera que la sangre altera y excita a las solteras. A las casadas también, la verdad. Este invierno ha sido largo, oscuro y muy frío, pero pronto se termina de una vez. Ya son los días más largos, y hay árboles atrevidos que van floreciendo, los pobres no se acuerdan de que cada marzo hiela y se caen las flores, pero bueno, eso es también la primavera, el olvido del invierno.
A pesar de las alergias y demás inconvenientes, las horas de sol y luz alegran el corazón, y parece que los problemas se encaran de otra manera. Además una empieza a quitarse ropa, cosa muy agradable, sobre todo los calcetines y las medias que son un invento del demoño, y se camina más ligero con el aire fresco en la cara. Y es muy bonita. Y es corta en Madrid pero sustanciosa. Y anuncia calor y buen tiempo. En fin estoy deseando que se asiente y que termine este invierno de mierda que hemos tenido, largo, duro, frío y oscuro que además han tenido a bien nuestros próceres en hacérnoslo aún peor con tanta noticia asquerosa y tanta maldad y falsedades. Así que bienvenida la primavera, y para ilustrar este soso post, la maravillosa Flora de Stabia, lo mejor de esta entrada sin duda.


El frío sol del invierno.

No es fácil, no es fácil decir adiós ni ver el banco vacío. No es fácil pensar en pasado, dejar correr el agua, cambiar de abrigo cuando el anterior aún abrigaba y tenía un tacto ya suave del uso, y se había acomodado a los hombros y estaba bien vivido. Al sol del invierno tampoco se calienta lo suficiente la piel, y probablemente cuando llegue la primavera aún seguirá el aire frío esperando detrás de las esquinas, porque decir adiós no es fácil, ni cómodo, ni produce alivio cuando hay que hacerlo. Pero, si no lo haces, sabes que en vez de aire frío, tras la siguiente esquina te esperan los puñales de hielo del desencanto, del abandono, de la mentira que quiere ser piadosa y  sólo es una sombra de la verdad que fue, una sonrisa de piedad y conmiseración amarga, un cariño caritativo y pestilente. Por tanto y aunque no sea fácil, ni cómodo, ni produzca otra cosa que cicatrices que se convierten en arrugas, el banco ha de quedarse vacío para que otros lo ocupen y tomen el gélido sol del invierno; quizás tengan más suerte, y el hielo no les aguarde doblando una esquina.


Imagen: Nuria, de CatSerra.Cat

Recuperando viejas costumbres

Andaba yo estos días dándole a una máquina de escribir Olivetti, una de esas que vienen en un maletín azul con una raya negra. Una de aquellas máquinas de las que había casi una en cada casa, hace cuarenta años, treinta, veinte, hasta que llegaron los ordenadores y desaparecieron de repente. El caso es que quería hacer unas etiquetas vintage y me dije....¿qué mejor que una Olivetti Lettera 32?. Y me puse manos a la obra.
Recuperar el sonido de las teclas de una Olivetti es algo que ni Proust con su madalena hubiera podido imaginar. Pasé un par de días tecleando, y cuidado que son duras las teclas de una máquina después de acostumbrarse una al teclado sensible del ordenador. Pero las teclas son otra cosa, se enredan, hay que darle fuerte, respetar los tiempos, recordar cómo se traban las mayúsculas o el retroceso....un placer. Pronto me pondré otra vez a teclear, y lástima que hoy día todo se envíe por correo electrónico, porque unos folios escritos a máquina son otra historia, otro sabor, otro mundo.

Otra cosa que ultimamente vengo haciendo y que es aún más de otro universo es escribir a mano. Por aquello de que no en todas partes los portátiles son operativos y tampoco puede una ir por la vida acarreando eternamente un trasto, que ya con el bolso, el libro, el abrigo y la misma persona es suficiente, volví a hacerme con una libretita y un boli, mucho más manejables y con la posibilidad feliz de poder anotar en cualquier parte, sin necesidad de estar pendiente de baterías, gentíos o poder sentarse. Porque yo no tengo un tablet, tengo un portátil normalito y ya viejito y no quiero darle más caña al pobre, que está para el arrastre. Total, que con mi libretita a cuestas iba anotando cositas donde se me ocurrían, y un día de hace apenas tres meses pillé un cuaderno de espiral tamaño folio y me lancé a la aventura de volver a la escritura manual. Que también tiene su miga, porque como la mano me va más lenta que el cerebro y los dedos se van solos al teclear, aquello era como una clave cifrada de  la Segunda Guerra Mundial: imposible de entender. Pero con algo de práctica, y siendo que mi letra nunca fue fantástica, he conseguido casi con paciencia de párvulo y cartilla Palau escribir a mano sin que se me atropellen demasiado las palabras y con cierto sentido.
Con mi cuaderno, mi boli y mi Olivetti ando pues, retomando buenas costumbres. Ahí ando, volviendo a hacer aquellas cosas que me gustan y que dejé de hacer sin mucha lógica, ya que los placeres inocentes deben ser cultivados con mimo, mucho más cuando proporcionan aire fresco y te devuelven a sitios y tiempos que no han de irse sin razón. Quizás tarde un poco más en escribir, o me cueste más trabajo, o mis ojos se hayan acostumbrado a la pantalla y les cuesta el papel; o tal vez me hago mayor y vuelvo a la infancia. En todo caso, el sonido de las teclas de una Olivetti o los movimientos de los dedos sujetando un boli es algo así como escuchar una melodía y descubrir que se sabe una la letra entera. Aire fresco.

OPERA PRIMA

Damas y caballeros, presentación de la ópera prima de El blog de Ripley en el proceloso mundo del corto seriado. Véanla, disfrútenla y recuérdenla.......


Pero lo vivimos. Y aunque hoy parezca que nunca ocurrió, que no existió el aroma del mar ni la sal en tu piel, aunque ahora el tacto transparente de la nada reseque mis dedos vacíos, lo vivimos. Quizás sólo yo lo viví, sólo yo viví el aire fiero de tu voz, sólo yo di vida a la vidriera irisada de tus ojos, al sol de tu mano al sujetar la mía. Quizás sólo yo me di cuenta del río que nos cruzaba, del frío que no nos rozaba, del aliento de la primavera en invierno. Pero no, lo vivimos, estoy segura de que tú también viviste la maravilla de las hojas naciendo y de las flores, de la hierba fresca y de la luz sin fin. Lo vivimos, sólo para nosotros lo vivimos. Y ahora que no tengo en las manos más que cicatrices viejas y heridas abiertas, ahora que tengo frío, ahora que el recuerdo del aroma de las rosas de té agrieta mi horizonte, ahora que nada me queda, no sé si lo vivimos; al menos, yo sí lo viví.



Imagen del blog "Botànic Serrat".

dónde va el aire cuando en el fondo de los pulmones sólo queda hielo, cuando se van las llamas y ni los rescoldos dan frío; dónde se fueron las palabras, las pisadas, dónde están bailando ahora nuestros huesos si ya no viven en la misma isla; dónde busco el aullido, dónde está la espiral, el triángulo isósceles que equilibra la tormenta, el manantial de la risa, el temblor; qué fue, qué fue de lo que hicimos y lo que tuvimos si no tuvimos nada ni hicimos gran cosa, cierto, pero lo construímos con la sangre y con amor;  dónde va el corazón cuando se rompe, las palabras que ya no te diré, dónde van, dónde se esconden huyendo del día; dónde busco de nuevo el aire para respirar, dime, dónde


Silencio

El silencio no tiene buena prensa ni una imagen ganadora. Este blog y su señora madre hemos permanecido en silencio por espacio de cuatro meses, en parte por voluntad propia y en parte por un trabajo que me ha llevado fuera de mi ciudad mucho más tiempo del previsto. No pediré disculpas por la voluntad del silencio sino por no haberme dado cuenta de que detrás de la pantalla en donde parece que estamos solos no lo estamos, y detrás de cada blog y nick hay personas a las que aprecio y que espero me sigan apreciando después de desaparecer sin decir nada.

El silencio, decía, no tiene buena prensa en estos tiempos veloces. Pero creo que no la ha tenido nunca, de hecho llevamos rellenándolo con todos los sonidos armónicos e inarmónicos que hemos podido inventar y otros que nos hemos encontrado sin más. Sin embargo estos cuatro meses de silencio, que no han sido sólo en el blog sino en casi todo, me han sido fructíferos, en un grado que no sospechaba. He podido revisitarme a fondo y me hacía mucha falta. Me he reeducado en el silencio exterior e interior, y así he vuelto a escucharme. Me gustaría que en los colegios existiera una asignatura del silencio, para aprender a escucharnos y a escuchar a los demás.

Bien, termino por hoy. Vuelvo a pedir disculpas por desaparecer y como resultado haber descuidado a mis queridos blogueros de la Parada de las Raíces; empezaré pronto a hacer visitas y reencontrar las palabras que llevan voces detrás. Mientras tanto, un beso enorme.