Querida amiga:
Espero que al recibo de ésta, estés bien, asi como toda tu familia.
Sé que vas a emprender un viaje que quizás sea largo, y he querido escribirte esta carta para que no te olvides de algunas cosas, para cuando vuelvas.

Primero que todo, tendré siempre a punto una tetera llena y un sofá cómodo para tí, para que puedas echarte tu siestita, en cualquier sitio donde yo esté. También tengo un tocadiscos y algunos vinilos, que nos gustan más, y un par de zapatillas de felpa bien calentitas.
Cuando vuelvas iremos otra vez al café que te gusta, es de los tés tan ricos, y nos sentaremos en la mesa del rincón a chafardear a gusto. Podríamos ir también de compras o al cine, hace mucho tiempo que no vamos al cine juntas, ¿te acuerdas?, llovía..........
Quedaremos de nuevo con los colegas y nos tomaremos la enésima caña en el sitio de siempre, que no tenemos remedio hija, y nos hartaremos de hablar a gritos y de llamar al espabilao del camarero ese. Con un poco de suerte aparecerán todos y celebraremos tu vuelta a casa. Y si no aparecen todos, pues nos echaremos unas risas igualmente con los pies colgando de las banquetas altas.
Cuando vuelvas y hayas descansado del viaje, cogeremos un autobús y nos plantaremos en cualquier parte tú y yo, a hacer visitas y excursiones, y puede que incluso cojamos un tren y vayamos un poco más lejos todavía. Siempre en verano, por aquello del frío, que cae de repente y luego pasa lo que pasa.
Cuando vuelvas, sabes, que espero que sea pronto, porque te estoy echando ya de menos, iré a buscarte al aeropuerto y nos pelaremos de frío por la T4 y por la Gran Vía, como está mandao en invierno, que parece que en la Gran Vía cae todo el hielo del mundo junto en las noches de enero, pero entraremos en calor riéndonos de la tontería de estar en la calle con semejante tiempo, como solemos hacer. O saltando, vaya.
Querida amiga, me despido de tí. Para el viaje llévate un par de bufandas y unos calcetines largos, que se te enfrían mucho los pies y luego te coges unos trancazos tremendos; tampoco se te olvide el cepillo de dientes de viaje y los colocatiles, que nunca se sabe en qué esquina de qué ciudad el aire frío te pueda provocar una jaqueca.
Te deseo que tu viaje, que ya sé que no te apetece mucho hacer pero a veces no hay más remedio, sea leve, corto y fructífero. Que los vientos te sean favorables, que no te olvides de los que nos quedamos aquí, esperándote, muy solos hasta que vuelvas. Vayas donde vayas, no olvides el camino de vuelta, porque lo tendremos todo igual para que no eches nada en falta.
Y no pierdas de vista el cielo, que los planetas, por pequeños que sean, te orientarán en el camino de ida, y sobre todo en el de vuelta.

Recuerda siempre que por lejos que te lleven los vientos, estaré contigo.

Cuídate mucho, mi querida amiga, y abrígate que empieza a hacer frío. Recibe un beso y un abrazo de tu

Pon

El chorizo ibérico

Ya se sabe que Ejjpaña es un país de estupendos embutidos, capitaneados por nuestro autóctono, famoso y multidisciplinar chorizo ibérico en todas sus formas y sabores. Si una quiere dar una cena, un aperitivo, un piscolabis o meterse entre pecho y espalda una merienda como es debido, nada como un buen embutido de las muchas variedades de que disponemos en la nacional despensa. ¿Que usted quiere agasajar a un invitado especial?, se echa mano de una butifarra catalana bien fresca, se pone una fisna y monta un aperitivo superguay con un fuet de Vich, un poco de música clásica y a chuparse los dedos. ¿Que tiene niños en casa?, hala, a cortar lonchas de chorizo pamplonés que los chiquillos se lo comen de maravilla. Si usted es de los que les gusta probar cosas no muy conocidas, eche mano al chorizo valenciano, que lleva cebollas, ultimamente está muy fácil de encontrar y elegantemente trajeado donde los haya. Eso si, hay que cuidarse de afeitarle los bigotes.

Si hace frío y le apetece un buen potaje, póngale chorizo gallego, que suenan gaitas con gaitas y huele que alimenta. O un cantimpalos, chorizo castellano secado al aire de las mesetas, frío y seco pero no por eso menos chorizo.

Unas chistorritas bien secadas y bien frititas pueden matar de placer al más pintado. No digamos ya un salchichón picante, una morcilla burgalesa, una sobrasada mallorquina, esta especialmente refinada y no para tomar como si tal cosa, que ya se sabe que en Baleares, los chorizos tienen mucho estilazo. Que no es lo mismo tomar sobrasada mirando la cala privada que untada en un pan cualquiera que lo mismo es de ayer, un poco de respeto.

En Madrid tenemos unos chorizos que hasta no hace mucho eran bien desconocidos, aunque no por ello menos sabrosones: los chorizos con denominación de origen en la Puerta del Sol. El chorizo madrileño se caracteriza por su fino aroma a colonia cara, su recubrimiento que no es de tripas vulgares sino de cuero de Loewe y su capacidad para adaptarse a cualquier acompañamiento, ya sea oso verde asado, recalificación en su salsa, fumet de diputado de oposición de Asamblea, verbena de la Paloma, juez sobre crema de vicealcalde a la pimienta o Mariano relleno de hilillos de Prestige. Todos ellos son muy alimenticios, muy versátiles y muy ponibles, como se dice ahora, y sobre todo muy, pero que muy ricos.

Todo cabe dentro de una tripa de cerdo.
vengo de una montaña en la que mis raíces
se alimentaron de lágrimas y abrazos
reverdecieron con los pasos perdidos del silencio
y florecieron con el sol de agosto

vengo de un lugar donde las piedras me ayudaron
a caminar
y susurran al oído de los niños

vengo del sitio umbrío
de la sombra del árbol
de la risa
la luz
el agua

y voy
parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras

parada raíces
sentido piedras