Ya se sabe que Ejjpaña es un país de estupendos embutidos, capitaneados por nuestro autóctono, famoso y multidisciplinar chorizo ibérico en todas sus formas y sabores. Si una quiere dar una cena, un aperitivo, un piscolabis o meterse entre pecho y espalda una merienda como es debido, nada como un buen embutido de las muchas variedades de que disponemos en la nacional despensa. ¿Que usted quiere agasajar a un invitado especial?, se echa mano de una butifarra catalana bien fresca, se pone una fisna y monta un aperitivo superguay con un fuet de Vich, un poco de música clásica y a chuparse los dedos. ¿Que tiene niños en casa?, hala, a cortar lonchas de chorizo pamplonés que los chiquillos se lo comen de maravilla. Si usted es de los que les gusta probar cosas no muy conocidas, eche mano al chorizo valenciano, que lleva cebollas, ultimamente está muy fácil de encontrar y elegantemente trajeado donde los haya. Eso si, hay que cuidarse de afeitarle los bigotes.
Si hace frío y le apetece un buen potaje, póngale chorizo gallego, que suenan gaitas con gaitas y huele que alimenta. O un cantimpalos, chorizo castellano secado al aire de las mesetas, frío y seco pero no por eso menos chorizo.
Unas chistorritas bien secadas y bien frititas pueden matar de placer al más pintado. No digamos ya un salchichón picante, una morcilla burgalesa, una sobrasada mallorquina, esta especialmente refinada y no para tomar como si tal cosa, que ya se sabe que en Baleares, los chorizos tienen mucho estilazo. Que no es lo mismo tomar sobrasada mirando la cala privada que untada en un pan cualquiera que lo mismo es de ayer, un poco de respeto.
En Madrid tenemos unos chorizos que hasta no hace mucho eran bien desconocidos, aunque no por ello menos sabrosones: los chorizos con denominación de origen en la Puerta del Sol. El chorizo madrileño se caracteriza por su fino aroma a colonia cara, su recubrimiento que no es de tripas vulgares sino de cuero de Loewe y su capacidad para adaptarse a cualquier acompañamiento, ya sea oso verde asado, recalificación en su salsa, fumet de diputado de oposición de Asamblea, verbena de la Paloma, juez sobre crema de vicealcalde a la pimienta o Mariano relleno de hilillos de Prestige. Todos ellos son muy alimenticios, muy versátiles y muy ponibles, como se dice ahora, y sobre todo muy, pero que muy ricos.
Todo cabe dentro de una tripa de cerdo.
vengo de una montaña en la que mis raíces
se alimentaron de lágrimas y abrazos
reverdecieron con los pasos perdidos del silencio
y florecieron con el sol de agosto
vengo de un lugar donde las piedras me ayudaron
a caminar
y susurran al oído de los niños
vengo del sitio umbrío
de la sombra del árbol
de la risa
la luz
el agua
y voy
se alimentaron de lágrimas y abrazos
reverdecieron con los pasos perdidos del silencio
y florecieron con el sol de agosto
vengo de un lugar donde las piedras me ayudaron
a caminar
y susurran al oído de los niños
vengo del sitio umbrío
de la sombra del árbol
de la risa
la luz
el agua
y voy
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