
La Cava Baja es una de esas calles del mismo centro de Madrid que están ahí desde los tiempos de los moros, cuando por debajo de las calles corrían túneles por donde escapaban de los asedios. Estos dias estoy trabajando allí, en esta puerta de la foto, que ya, por fin, no está de ese color verde botella sino que se encuentra en proceso de lucir un precioso pino meli de Balsaín. En ello estoy, y me quedan unos dias por delante.
En la Cava Baja hay varias posadas antiguas, que hasta hace nada eran viejas de necesidad pero que están restaurando y convirtiéndolas en hoteles y spas, y con restaurantes de postín, cocina moderna y decoración chula. Hay restaurantes de los de toda la vida de renombre, de los que ponen cabrito, cochinillo y cocido madrileño los jueves. Casi todos los locales son bares o restaurantes; sobreviven una peluquería muy bien remozada, una farmacia de estanterías talladas, una frutería, una espartería que es una maravilla de tiendecita, y algún local cerrado con el rótulo "Corbatería" y "Fontanería". No cuesta mucho imaginarse la vida hace sesenta o más años en la Cava Baja.
Trabajar en la calle es toda una experiencia. En general, trabajar de cara al público es algo muy interesante, si te gusta, como es mi caso. Pero currar así, siendo mujer y vestida de curranta, haciendo ruído y polvo y dándole a la lijadora encima de una escalera, eso es para grabar todas las horas del día. Comenzando por la cantidad de gente que se para a mirar, los japoneses que te hacen fotos, y terminando por los vecinos de la calle que cada día van anotando tus progresos, el dia a dia en la calle de la Cava Baja es de lo más ameno. Pasa por ella gente muy dispar: mucho turista, mucho currante, inmigrantes, señores que van a comer a los restaurantes finos, señoras que hacen la compra en lo que queda del mercado de la Cebada, paseantes, gente muy mayor. El otro dia se paró un señor a contarme que había nacido en la casa donde trabajo, y me contó toda la guerra, la posguerra, qué eran los locales y que él era comunista de los de antes, y que iba todos los meses a rezar a la iglesia de San Andrés, porque Jesucristo fue el primer comunista. Luego me aseguró que la segunda guerra mundial la perdió Napoleón en Waterloo.
Las señoras suelen saludar muy amables y me llaman artista. Cuanto más mayores más les gusta ver una mujer trabajando en oficios de hombre, dicen ellas. Alguna me ha felicitado y todo. Los currantes de las obras cercanas ya se han acostumbrado pero al principio me miraban con los ojos a cuadros. Ahora alguno saluda.
También de repente aparece gente que te toca la fibra, como el señor que me pidió trabajo, insisitendo en ayudarme allí mismo, y cuando le dije que mejor lo dejara porque no podía pagarle me dejó su teléfono diciéndome que trabajaba en la Peugeot pero vino un ERE y a la calle. Despues ha aparecido un par de veces más a ver cómo va la puerta. Se me encoge el corazón cuando le veo venir.
Hay aparcacoches, vendedores de lotería, chorizos......uno se me quiso llevar la caja de herramientas aduciendo que me "ayudaba" a levantarla, y se metía en el portal a por la caja. Creo que si me amenaza con una navaja no me hubiera cabreado tanto. Mi caja de herramientas!!!! como si me cortan un brazo. Encendí la pistola decapadora y si se llega a acercar le hago la depilación definitiva allí mismo.
La Cava Baja tiene mucho encanto. Muchos años, muchas pisadas, mucha vida bulle entre sus casas y adoquines. Lleva ahí diez siglos y cumplirá muchos más, y seguiremos caminando por ella los madrileños, que somos todos los que la pisamos, y seguirá tan modesta y tímida, con sus casas antiguas, sus posadas, sus aceras estrechas y sus portales por arreglar. En uno de ellos estoy trabajando, y disfrutando por igual del dolor de espalda, de la madera de pino meli de Balsaín y de los pocos rayos de sol que reflejan las aceras de la calle de la Cava Baja, la vieja calle del centro del mismísimo centro de Madrid.
26 de febrero de 2011
Mención especial para Carlos, el dominicano de la verdulería, un tipo majo majo que cada dia me da un ratito de charla con su cantarín acento y un racimito de uvas negras.
Mención de honor a la Colo, llamada así por ser colombiana y que limpia el restaurante Esteban, dejando la acera como una patena mientras habla sin parar y sonríe sin cesar. Por fría que sea la mañana, ella la llena de calor.
Premio por salao a Esteban el del restaurante, que al principio estaba negro porque hacía ruído y polvo y ahora sale a presumir de puerta con los clientes.
Un abrazo a la vecina de al lado que siempre saluda con mucha gracia, al aparcacoches de casa Lucio que está el hombre preocupado por si me caigo de la escalera(me verá torpe) y a los de la tienda de jamones de enfrente, a los que les amenizo los dias con mi lijadora que suena como un mosquito gigante, y que de vez en cuando salen a fumar y saludan.
Otro saludito a la cartera, a la china de la propaganda, a la vecina del portal que se cayó y justo llego yo a llenarlo todo de cables y siempre me dice"qué cansao es vivir oiga", y que es un encanto. Y a Alicia, la presi de la comunidad, una chica estupenda.
13 flores y flashbacks de...........:
No, sin mi caja de herramientas!, jajajaja, por ahí sí que no pasas.
ellas, ellos, los japoneses... creen que te ven, pero si supieran lo bien que les ves tú. y lo que quieres tu Madrid.
mirando la vida pasar ...sobre una escalera.
cuidadín con esa espalda.
Pero qué requetebonica esta entrada verité de la misma Pon.
Para una madrileña vocacional y sentida como tú debe ser una gozada -si te abstraes de lo que es el curro- esta especie de performance castiza y chulapona brocha en mano, algo para contar a nietos y biznietos cuando lleguen. ¡Mira que te veo con el mantón y el floripondio, y dale que te pego a la puerta!
Una calle con solera y una manuala inigualable, nuestra Pon.
Calles con vida propia, la he imaginado con los ojos muy abiertos,con adoquines, incluso es posible que la haya visto en la película El Golpe.
Me parece que con todas las experiencias enriquecedoras que estás recibiendo trabajando en la Cava Baja, para ser justos, al final del trabajo deberías pagar tú.
Por cierto, si te veo alguna vez con la pistola decapadora en la mano,es posible que cambie de cera, no pienses que es por falta de educación.
Un saludo.
Qué estupenda esta "crónica de una puerta".
A pesar de la turistada conserva esta parte de Madrid mucho sabor, debido creo yo a que a los del barrio no los sacan de allí ni con jabón.
Lo demás lo has explicado tu mejor que nadie.
Un abrazo
Bueno, anda que no me he pateado esa mítica calle en mi juventud veinteañera, con amigotes de tapeo, y luego un tiempo viviendo no lejos: Tiene un enorme encanto: La "Antigua Posada de la Villa", todas esas construcciones únicas que se mantienen en pie, los azulejos de "La Chata". "Casa Lucio", a la que no recuerdo haber ido, pero sí a una cervecería chulísima que se llamaba (ó llama) "Le Vieux Bruxelles" , en donde casi que había las primeras cervezas alemanas y belgas (sobre todo belgas), con un toque de sabor a cereza, a frambuesa: ...Me iba con "Capote", yo ya por entonces tenía un amigo que se llamaba como el gran escritor. Y Capote era un erudito, un licienciado en filología e historia, que se sabía todas las leyendas del viejo Madrid...de personajes de capa y espada, preguntando el santo y seña, ó retándose a un duelo...
Qué denostado, descuidado, y abandonado a su suerte ha estado el centro de Madrid tanto tiempo...Me alegro que hayan abierto tantas cosas. Todos los hoteles que han rehabilitado en el centro, grandes palacios y edificios, son en gran parte con capital catalán. A ver si con la crisis despegan, porque están abriendo muchos sitios chulis.
Un pino meli de Balsaín, pintarlo de verde, qué bestias.
Te llega el mangui ese a levantar la caja de herramientas (qué cara y qué cutre), silbas y aparecemos: qué desalmado y qué miserable.
Bueno, lo disfrutas, hablas con la gente, y aunque la lijadora y todo el proceso sea trabajoso, minucioso, delicado, yo sé que lo disfrutas, porque es vocacional, y devolver el esplendor que tuvo a esa puerta, compensa. Qué historia habrá tenido esa puerta: son mudas pero hablan también.
Besotes.
muy encantador tu relato, me ha gustado mucho, mucho.
Qué facilidad para hacer importantes las cosas sencillas... Eso sí que es arte.
la reina de la cava baja, esa es mi pon!!!!!!
Si hay algo que valoro es el ejercicio de recuperación de la memoria y de la historia, y una puerta puede ser el punto de partida en el que confluyen pasado y presente, el ahora más inmediato junto a la historia que nos puede retrotraer a quien sabe cuando, y nuestro deber es mantenerlo vivo, y tu trabajo ayuda y mucho. Eso sí, que nadie toque tus herramientas.
¿qué tal va esa puerta?
mientras tanto, haciendo barrio...
va bien, va bien, más curro del que parecía pero bueno, suele pasar
solo que hace un frío mortal
Leyéndote,aún echo mas de menos Madrid...
Me ha encantado tu entrada...aún sigo con la sonrisa.
Un placer leerte.
Gracias por venir, Pinceladas, muy bienvenida.
Besines.
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